
Siempre que se despertaba el escorzor en la piel; brotando de los poros impulsado por algun nervio a traves de los bellos hasta ruborizar el rostro, no asi el resto del cuerpo que se tornaba palido; la predisposición para todo cambiaba, olvidando el lugar o quien estuviera en el, lista para dejarse llevar por dicho nervio que se imponia ante todo y todos.
Una mirada, un movimiento, un tono de voz, un pensamiento activaba tal mecanismo, poniendo en accion todas y cada una de sus particulas, listas para estallar.
Pero entonces se paralizaba y solo podía escuchar las voces en su cabeza que se interponían al proceso de fluido sanguíneo en dicho momento.
Pero esta vez una corriente de viento en forma de torbellino levanto su cabellera de un puntapié separando cada mechon del otro con una fuerza tal que elevo su cuerpo desde la punta de su cabeza sin modificar su pose vertical hasta dejar sus pies a la altura de la punta de una capilla que se encontraba a la mitad de la vereda que ella transitaba. Dejándo completamente paralizada su voluntad ganas de pensar

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